La gloria, construida sobre principios egoístas, es vergüenza y culpa.
- William Cowper
La humanidad está en constante crecimiento y mejora. Nos estamos volviendo exponencialmente más innovadores y conscientes de nosotros mismos. Los récords olímpicos se baten una y otra vez. La tecnología y la sanidad han mejorado nuestra calidad de vida de forma inconmensurable. La música y el arte evolucionan de formas emocionantes y hermosas. Descubrimos constantemente más cosas sobre la mente y sobre nuestro universo. Los métodos terapéuticos siguen apareciendo y mejorando.
Dentro de todos nosotros hay un poder que quiere expandirse y mejorar. Esta fuerza nos da grandes imágenes de ser más grandes y mejores de lo que somos actualmente. No está ahí por casualidad; la vida tiene un plan. Quiere evolucionar. Por esta razón, nacemos con una grandeza inherente. Se trata de un sentido interior de especialidad al que podemos recurrir y que puede impulsarnos tanto a crear como a convertirnos en más de lo que somos. La grandeza es profundamente personal y espiritual. Nos dice que somos capaces de cualquier cosa. Es una fuerza ascendente, exterior e infinita. Es nuestra creatividad innata y nuestra conexión con el reino divino.
Relacionado con esto está la grandiosidad. La grandiosidad es la grandeza de una persona en comparación con otra. Se basa en el ego. Nos hace querer ser más grandes y mejores que los demás. Nos enfrenta unos contra otros. Cualquiera que haya recibido un primer premio o haya recibido algo gratis mientras todos los demás pagaban sabe lo satisfactorio que es sentir grandiosidad. Es elevarse por encima de la multitud y más allá de lo habitual. Se trata de lograr más y ser más que los demás.
La vida también quiere que coexistamos...