La autoestima tiende a fluctuar. Un día te sientes eufórico y seguro de ti mismo, como si pudieras conquistar el mundo. Entonces algo te afecta. De repente, te invaden las dudas y la inseguridad. Una pesadez aplastante te oprime y te invade una sensación ineludible de ser el peor ser humano de la tierra.
La baja autoestima puede atormentarte durante meses, especialmente después de una ruptura sentimental u otra crisis importante en tu vida. Sin embargo, lo que destruye la autoestima de forma permanente es el abuso prolongado.
Nuestra percepción de nuestro propio valor proviene de nuestras relaciones. Cuando somos niños, que nuestros seres queridos nos vean de forma positiva y nos traten bien es una cuestión de vida o muerte. En la sociedad, nuestra reputación es de suma importancia si queremos ser aceptados. Por lo tanto, necesitamos comportarnos de la mejor manera posible, y ahí es donde entra en juego la vergüenza.
La vergüenza es la emoción de la autoestima — la sentimos cuando no estamos a la altura de las expectativas de las personas que valoramos. Dependiendo de la situación, la ve...