El programa holístico de recuperación del abuso

Recuerdo del yo

La mente es nuestra mayor debilidad. Como nos perdemos fácilmente en nuestros pensamientos, los demás pueden manipularnos influyendo en nuestra forma de pensar.

La mente tiende a consumir por completo tu conciencia. Te conviertes en un pez que nada en un estanque «lleno de bacterias» de pensamientos y creencias negativas. Mientras tanto, olvidas que tienes todo un océano a tu alcance: tu yo verdadero.

El abuso crea traumas, que son dolorosos de experimentar. Para evitar este dolor, reducimos nuestra conciencia al mínimo, «olvidando» convenientemente nuestro yo verdadero en el proceso. Como resultado, nos aferramos aún más a nuestra mente, con la esperanza de que nos proporcione las respuestas. Aunque los pensamientos pueden ser reconfortantes, nunca conducen a una verdadera transformación. En un estado identificado con la mente, permaneces aislado de tu potencial y vulnerable a que los abusadores se apoderen de tu realidad.

Tener un «sentido del yo» significa ser consciente de que eres mucho más que tu mente. En pocas palabras, el yo verdadero es tu centro emocional. Tu libido fluye desde este centro y alimenta tu evolución espiritual. Esta energía puede manifestarse de innumerables maneras, empoderándote para actuar con fuerza y sabiduría. Al tensar los músculos, respirar superficialmente y permitir que tu mente dicte las condiciones, pierdes el contacto con esta fuente de poder.

La respiración profunda, la regulación del sistema nervioso y la atención plena aflojan el grifo, por así decirlo. Ahora, tenemos que abrirlo del todo atreviéndonos a ir más allá de la mente.

Al igual que un pez en un estanque, cuando empieces a meditar, seguirás estando en el reino de la mente. Esto es normal. Es el punto de partida. Sin experimentar la verdadera conexión con tu yo verdadero, puedes empezar a dudar de su existencia. Quizás necesites un recordatorio.

Ejercicio

El «recuerdo del yo» es el proceso de sentarse, durante un periodo de tiempo determinado, con el único objetivo de crear un espacio para que emerja tu yo verdadero. Es un juego de espera, y nada más. El objetivo del recuerdo del yo es sentarse con «ti» durante el mayor tiempo posible. Eso es todo. Te sientas allí sin esperar que suceda nada, aunque, paradójicamente, al final sucede algo.

Comienza adoptando la posición básica de meditación descrita en el ejercicio anterior. Sin embargo, esta vez haz lo siguiente:

  • Encuentra un objeto básico en el que concentrarte, como una taza sin dibujos. Esto te servirá de punto de referencia durante toda la meditación para que puedas concentrarte suavemente sin dispersarte.
  • Mantén los ojos abiertos durante toda la meditación. Si sientes la necesidad de cerrarlos, hazlo, pero vuelve a abrirlos cuando estés listo.
  • Intenta mantenerte relajado pero concentrado durante toda la meditación.

Durante la meditación, encontrarás algunas dificultades. Estar sentado completamente quieto y en silencio es algo que a la mente no le gusta mucho, y se rebelará. Debes estar preparado para ello. Exponer la mente y no permitirle distracciones amenaza su control sobre ti. Aquí tienes una lista de los obstáculos más comunes y cómo afrontarlos:

  • Pensamientos incesantes: Mientras estás sentado, tu mente seguirá funcionando. Esto es perfectamente normal. Es posible que te encuentres sumergiéndote en tus pensamientos y pensando en la colada, o incluso analizando el objeto en el que te estás concentrando. La clave es darte cuenta y volver a centrar tu atención en el momento presente. Una buena forma de conectar con la realidad es concentrarte en tu respiración. Haz unos cuantos ciclos de respiración en caja y luego vuelve a un estado de descanso natural con una respiración normal. Otra forma de centrarte es concentrarte en tu cuerpo. Toma nota de cómo te sientes. Si notas algo, profundiza en ello y explóralo. Préstale atención. Luego, cuando estés listo, vuelve a un estado de concentración relajada.
  • Dispersión: Cuando un pensamiento o un estímulo externo desencadena emociones reprimidas, la intensidad puede hacer que el ego se disperse. Cuanto más sale a la superficie tu yo verdadero, más miedo puedes experimentar. A medida que el miedo aumenta, tu concentración puede empezar a dispersarse. Cuanto más se revela tu yo verdadero, más fuerte debe ser tu concentración. También es posible que te disocies durante la meditación, ya sea desconectándote o quedándote atrapado en un patrón de pensamientos. La idea es recuperar suavemente la concentración mientras se es consciente de las sensaciones corporales. Se trata de un acto de equilibrio, en el que una concentración excesiva provoca un exceso de ego, lo que bloquea el camino hacia el yo verdadero. Sin embargo, una concentración insuficiente hace que te vuelvas inconsciente, lo que significa que el yo verdadero te dominará y no podrás canalizarlo.
  • Dolor e incomodidad, incluidos sofocos: Esto desaparecerá con cada vez más sesiones. Con el tiempo, tu cuerpo ha almacenado todas tus emociones enterradas. Cuando haces la meditación del recuerdo del yo, esas emociones salen a la superficie y se manifiestan como dolor físico. Es posible que lo experimentes especialmente en los hombros y la espalda. Hacer algunos estiramientos suaves después de la meditación puede ayudar, pero ten en cuenta que se reducirá con el tiempo. Por supuesto, puedes detener la meditación si las molestias se vuelven demasiado intensas, pero cuanto más puedas tolerarlas, más eficaz será la meditación.
  • Dudas e impaciencia: La mente jugará sus juegos. Te dirá que estás siendo tonto y que sería mejor que dedicaras tu tiempo a planificar tus próximas vacaciones. Pensará en otras innumerables cosas que podrías estar haciendo. Te dirá que lo que estás haciendo no tiene sentido. No le hagas caso. Todo es una artimaña. La mente odia sentirse expuesta sin algo que la distraiga. Cuando surjan estas dudas (y surgirán), simplemente reconócelas y sigue adelante sin prestarles atención.
  • Visión borrosa: La meditación cambia físicamente la química de tu cerebro. La visión borrosa es un efecto secundario de esto, y se aclarará a medida que progreses.

El recuerdo del yo tiene un objetivo: abrir un espacio para que emerja tu yo verdadero y puedas encontrarte con él. Sin embargo, debes abordar el ejercicio sin un objetivo. En el momento en que empiezas a esperar que suceda algo, activas la mente y con ello cierras el camino hacia tu yo verdadero.

A diferencia del ejercicio de monitoreo de los pensamientos, esta meditación consiste en trascender la mente y descubrir otro reino dentro de ti. Debes estar lo más abierto y relajado posible. Ten la seguridad de que el proceso se desarrollará por sí solo; en realidad, no hay nada que debas «hacer», salvo mantenerte concentrado. Simplemente siéntate y espera. Debes estar alerta, pero descansado. Es un estado paradójico, pero cada sesión te ayudará a entenderlo mejor.

También debes tener fe, valor y paciencia mientras encuentras tu camino hacia ese lugar maravilloso. Hay un modo de pensar y hay un modo de ser. Cuantas más sesiones de recuerdo del yo realices, más clara será la distinción entre ambos. Cuanta más fe y valor demuestres, mayor será tu recompensa. Llegará un momento en que tu yo verdadero se revelará y podrás sonreírte a ti mismo en señal de reconocimiento. Será un hito crucial en tu viaje y te proporcionará una pieza importante del rompecabezas.

Con qué frecuencia: Haz esta meditación a diario al principio. Empieza con un temporizador de 5 minutos y ve aumentando hasta dos sesiones de 20 minutos.